Subidón de endorfinas

Podemos tener un mal día, (como este que os comentaba aquí), pero… que pasa cuando cuando tenemos un buen día??.
Los pajaritos cantan… las nubes se levantan… te levantas con la sonrisa puesta y dando volteretas llegas al baño… y te juras a ti misma que hoy va a ser un gran día!
Tu marido/hipotecado/novio se despide de tí con un besaco de tornillo y te dice: Te quiero mucho cariño, que tengas un buen día.
Parece que en vez de un café para desayunar te has tomado una caja de prozac. Pero tú eres feliz y el resto te da igual. Solo cruzas los dedos para que a las seis de la tarde sigas la mitad de feliz de lo que estás ahora.
Y no sabes muy bien si es la predisposición a ser feliz o qué, pero no paran de sucederte cosas buenas a lo largo del día, sea lunes, miércoles o domingo.

Pues bien, un día así tuve yo el otro día! (Hace más de un mes… que vergüenza!).
Me levanté por la mañana y me preparé para ir a correr con una amiga y unas cuantas desconocidas, (una iniciativa del Team Sport Spirit, reunir a chicas que hacen running para correr juntas).
Mi reto: Acabar sin echar los higadillos y con un poco de dignidad los 6km que íbamos a recorrer.
No os lo vais a creer, pero lo conseguí. (¡¡Papá, hipotecado, soy una campeona, gracias por vuestros consejos y apoyo!!).
Ya sé que 6km no parece mucho, pero para mí que lo más que corro es detrás de Brego y Foxi cuando se escapan, y a veces ni eso… es todo un reto. Tengo que confesar que no hice los 6km del tirón, (entonces sí que hubiera echado higadillos, pulmones, y demás), pero conseguí hacer 3km sin parar y los otros 3km de vuelta en dos paradas.
El caso es que lo pasamos genial, había muy buen rollo, chicas requetemajas, los organizadores geniales, nos regalaron unas chapas súper monas, (diseñadas por mí, claro está!! :D) y nos esperaron con una bebida isotónica para recuperar las energías perdidas…
Pero ahí no terminó mi día genial, (ahí si tenía las endorfinas recorriendo mi cuerpo como locas por París). Cuando terminamos de correr nos pusimos a charlar, y yo hice un comentario referente a mi hipotecado y entonces una de las chicas que había ido a correr y a la que no conocía de nada, (mentira, nos conocíamos del twitter, pero no nos habíamos ubicado aún) se llevó las manos a la cabeza y me dijo:
– ¡Tu escribes ÁnimoChicas!
Yo me quedé estupefacta y pensé:
– ¡OMG! ¡He acuñado un nuevo término! y además tengo fans desperdigadas por el mundo… (o al menos por Gijón).
– ¡¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!
Grité mientras la abrazaba! No sabéis la ilusión que me hizo! Saber que alguien te lee,  y lo más importante, que le gusta lo que lee!!
Pues sí, resumiendo: la mañana de 10.
La tarde pasó con buena compañía y un buen té con miel. Y al llegar la noche, entré en el Facebook y entonces descubrí que tenía otro motivo más para ser feliz cual lombriz.
¡Me habían otorgado un LiebsterBlogAward!
Para las ajenas al mundo blog, los Liebster son unos premios que se entregan entre bloggers para dar un poquito de movimiento y publicidad a tu blog. Es todo un honor para mí recibir uno y de nada mas y nada menos que de Mary Mar Camino, del blog Confesiones de una Community Manager. ¡¡Milenta gracias!!
Me puse a otorgar los premios, (sí, ahora yo tengo que dar premios… muhahahahahahaha… se admiten sobornos!) pero el post se empezó a hacer largo. Así que como dice mi abuela: “mas vale que te digan mus-mus, que fute-fute”. Traducción: Vale más que os deje con las ganas que saturaros, así que el próximo post: LOS LIEBSTER BLOG AWARD DE ÁNIMOCHICAS. (Ni Óscar ni leches, chicas, esto si que es glam!!).
Espero que empecéis genial la semana. Os prometo que no tardaré tanto en volver a escribir. FELIZ LUNES!!

Paseando con los perrunos…

Hoy os voy a contar una historia real (no como los otros posts que todas sabemos que no son reales… jejejejejeje) para darle un toque de humor a este viernes  tan gris:

Ayer iba yo de paseo con Foxi y Brego (mis dos perretes para quien no los conozca); íbamos por una pista en medio del monte, sin ningún tipo de iluminación, (más que mi triste y diminuta linterna), eran las 9 de la noche, y estábamos casi a 1km de casa, cuando de pronto, se puso a llover… así que viendo que caían chuzos de punta mis DOS perros, (no uno, sino los dos) pensaron: “patas para que os quiero”… se largaron corriendo campo a través y volvieron a casa, y allí me quedé yo… más sola que la una, cagadita de miedo y sin apenas cobertura; llamándolos a gritos, oyendo ruidos “extraños” por todos los lados y acordándome del terrible trailer de la nueva película de Guillermo del Toro (pero que mala malísima es la sugestión).

Me pongo la capucha y automaticamente dejo de oír… decido que es preferible escuchar ruidos “extraños” a no escuchar nada más que mi propia respiración, así que me quito la capucha… con la consiguiente pingadura.

Respiro hondo un par de veces y llego a la conclusión de que lo más sensato es desandar lo andado y volver a casa… camino con el teléfono en la mano rezando para que las rayitas de la cobertura aparezcan… oigo a mi alrededor unos ruidos más extraños que los anteriores… parecen jabalís, (espero  por favor que sean jabalís), sigo andando…  por fin encuentro un sitio con cobertura, pero no me puedo mover porque la pierdo. Consigo llamar a mi querido hipotecado, que efectivamente me informa de que mis queridos canes llegaron hace un rato a  casa, para colmo de males mi hipotecado me regaña:

“Y si te encuentras a un jabalí que haces”

“Desearle buenas noches, y cambiar de carril, ¿¿que quieres que haga??”

Se ríe al otro lado de la línea…

“Pues a mi no me hace gracia… ¿que hago? ¿me quedo quieta? ¿esos bichos detectan el movimiento?”

“Es un jabalí, no un velocirraptor…”

“Tanto me da que me da lo mismo…”

“Ala, déjate de hacer el tonto y ven pa casa, que llueve”

“No me digas…”

Cuelgo y sigo con mi penoso paseo… al cabo de unos minutos oigo un ruido de “carrera” a lo lejos, un animal viene corriendo hacia mi. Ahora hasta sin capucha, escucho mi corazón que se acelera. Me quedo quietecida mientras intento respirar muy despacio… para mi alivio (ya estaba a puntito de hacerme pis encima) es Foxi, que arrepentida, y seguramente escuchando mis gritos de angustia vuelve a buscarme… de Brego, ni rastro, seguramente se metió en su caseta y si te he visto no me acuerdo… Con Foxi me vuelve la valentía al cuerpo, de repente la perra se pone a una orilla de la pista y empieza a ladrar. No sé a que ladra, pero veo un arbusto que se mueve, puede ser el viento, sí, tiene que ser el viento… creo que lo mejor es no quedarme para averiguar que es, emprendo la ruta de nuevo y llamo a Foxi para que a poder ser, no se separe de mis talones.

Quince minutos después consigo llegar a casa, acompañada de mi querida balita, y muy enfadada con Brego… calada hasta los huesos, segura de estar incubando una gripe de esas que hacen historia y con la certeza de que no voy a poder ver ninguna peli de terror en lo que me resta de vida…

Así que… un consejo, no os fiéis nunca de un perro al que no le gusta mojarse! O no seais tan idiotas, y pasead por una zona bien iluminada!!

FELIZ VIERNES!! :D

Miedos….

El otro día mantuve una conversación digna de dos besugas* con una amiga, (*entiéndase como conversación totalmente absurda sin ningún intento de enriquecer nuestro intelecto), el resumen de la conversación venía siendo algo así:

Yo: Estoy leyendo un libro de un asesino psicópata en serie…
Mi amiga: ¿En serio?
Yo: No, en serie.
Mi amiga: Y que tal? mola?
Yo: Mola, pero me da un canguele que tengo que dormir con la luz encendida.
Mi amiga: Como si dormir con la luz encendida te pudiera librar del asesino.
Yo: Ya… pero duermo más tranquila. Es que lo asesinos en serie me dan mucho miedín.
Mi amiga: Pues a mi no mas que un asesino normal, la verdad.
Yo: ¡¿Que dices?! Dan mucho más miedo…
Mi amiga: Pero si es un asesino, que mas da que sea en serie que no… solo te va a matar una vez…
Yo: Yaaaaa… pero suelen tener un patrón de conducta más sádico…
Mi amiga: Yaaaaaaaaa… Pero morir, vas a morir de todas todas…
Yo: Vale… cambia de tema que no quiero morir y menos a manos de un asesino.

5 Cosas que te dan miedo… (a tí y a culquier mortal).

Abrir el buzón de casa y encontrarte una araña del tamaño de Ungoliant (el primo de zumosol de Ella la araña). Esto conlleva cerrar el buzón para siempre, tirar la llave a un río y en casos muy extremos una mudanza.

Una persona que nada más conocerla se define a sí misma con la frase “Yo es que soy una persona muy sincera“. Estas personas, poniendo la verdad por bandera, no tienen ningún tapujo en sacar a relucir toda la crueldad que llevan dentro. No suelen ser objetivas, así pueden dar su opinión “sincera” aunque nadie se la haya pedido: “Las personas con puestos creativos, no saben lo que es trabajar duro para ganar dinero… Oye! Que no te parezca mal, es que yo soy muy sincera…

Respuesta que te gustaría dar: “Pues mira, si te suelto una hostia, que no te parezca mal… es que yo soy una persona muy violenta.”

Respuesta que das: “Ahhh sí, eh?? mmmm que interesante… ya… ya…”

Suegras que dicen: “Yo no me quiero meter en vuestra vida, pero… ___________” (a mi hijo le gusta cenar a las ocho, a mi hijo le gusta que lo arrope antes de dormir, a mi hijo le gusta tener la ropa planchada cada día para ir a trabajar, a mi hijo le gusta la tortilla poco hecha, a mi hijo le gusta…”

Respuesta que te gustaría dar: “No te voy a decir yo a tí lo que le gusta a tu hijo, porque tengo educación…”

Respuesta que das: “ahhh sí, eh?? mmmm que interesante… ya… ya…”

Peluqueras que se olvidan de tí y te dejan media hora con el tinte y la cabeza metida en el casco espacial ese que da calor y cuando te sacan dicen: “oh-oh” (con tono de alarma). Este miedo tiene una variante, que es cuando le dices a tu peluquera favorita, que por favor te corte las puntas y comienzas a ver pelo caer a tu alrededor mientras las tijeras chasquean en tus oídos…

Que tu padre (recién divorciado) te diga que se ha abierto una cuenta en Facebook y otra en Tuenti, (rezas desconsolada para que no distinga Tuenti de Twitter) y no contento con eso te envíe una solicitud de amistad a tí y a todas tus amigas. (Le explicas que a su edad, debería tener dos cuentas de Tuenti…)

¿Y a vosotras? ¿Que cositas os dan miedín? Pero… cositas bobas… eh… no vale decir asesinos, (sean en serie, en serio o asesinos a secas) que eso ya lo sabemos!! Un, dos, tres… Responda otra vez!! :D

La Navidad (Primera Parte)

No sabes muy bien como ha pasado, parece que fue ayer cuando estabas tumbada felizmente tomando el sol cuando de repente… ZAS, la Navidad te golpea en la cara.
Reconozcámoslo, eres un desastre, por eso la Navidad te pilla por sorpresa, porque al fin y al cabo, no es como la regla, que no te viene el mismo día… y eso vale, puede pillarte de sorpresa, pero la Navidad??… si todos los años cae en los mismos días!! Aún así, año tras año, repites con sorpresa: “¡QUÉ?, que mañana es Nochebuena??” A lo que tu interlocutor siempre, siempre, contesta con sorna: “Y pasado Navidad”.
¿Como ha podido pasar? Si todos los años, después del agobio de las compras repites: “El año que viene empiezo a comprar regalos en Septiembre”. (mentira, nunca lo haces).
El hecho de pensar en las Navidades y en todo lo que tienes que hacer te agobia, para empezar deberías encontrar una tienda que te venda un poco de espíritu navideño (ese que perdiste hace tantos años que ya ni te acuerdas).
Para continuar, aprovisionarte de analgésicos, porque aunque la gente se empeñe en negarlo, la Navidad es una época en la que te pasas 12 horas al día pedo.
Te ves obligada a sustituir el coche por el transporte público, porque seamos sinceras, la idea de reunir a toda la gente que conoces en un lugar y pillarte una super cogorza a base de brindar, parece tentadora, pero muy difícil de llevar a cabo… así que vas de bar en bar brindando, con lo que en el quinto bar, ya no sabes si brindar por la navidad, por que vivan los novios, el padrino o la madre que lo parió…
Los brindis pueden hacerse eternos… Que si con los del curro, los amigos de la infancia, los amigos de la infancia de tu marido/hipotecado/novio, tu familia por parte de madre, tu familia por parte de padre, la familia de tu contrario (también por parte de padre y de madre), los del gimnasio, los amigos…
Llegas a la conclusión de que existen “alcohólicos de fin de semana” y “alcohólicos navideños” y tú eres una de estos últimos.
Lo bueno de pasarte las fiestas en estado comatoso, es que todas esas conversaciones banales, sin sentido y repetitivas año tras año, quedan en el olvido que el alcohol te provoca… Como la típica pregunta que algún familiar te hace nada más que por tocarte los cojo*** por mucho que intente disfrazar su intención con una sonrisilla y voz angelical “Y tú, ¿ para cuando? Mira que se te va a pasar el arroz…” Esta frase se aplica o bien a boda, o a bien a embarazo, pero siempre cae…
Te gustaría responderle que a la que no se le ha pasado el arroz para embarazarse es a su hija “Zutanita”, que se ha preñado cinco veces y de cinco tipos diferentes a cada cual más siniestro, pero tú eres buena, y te muerdes la lengua mientras sonríes y utilizas tu respuesta “comodín”: “Cualquier día me animo”.
Tampoco puedes olvidarte de comprar protector gástrico… Porque esa es otra máxima de estas fechas: Hay que comer como si no hubiera mañana.
Cuando te levantas el día de Navidad, aun no has hecho la digestión de los siete platos de Nochebuena, pero nada, tienes que ir a comer a casa de “X” (X suele ser la matriarca de la familia), donde te encuentras con todas las sobras de Nochebuena y algo más que “X” ha cocinado, por si nos quedábamos con hambre… Los platos desfilan delante de tus narices, mientras tu intentas convencer a tu estómago de que haga un hueco, para no quedar mal.
Esto es un fenómeno curioso, es una especie de trastorno alimenticio que padecen las matriarcas, preparan más comida que en una boda… y lo peor de todo, es que no entienden que seas incapaz de comer los entrantes (fríos y calientes), la sopa, el besugo, el cordero, el pollo, el postre y las peladillas del revoltijo… que tú piensas: si pones cordero, ¿para que haces pollo?, y las peladillas… ¿en serio alguien se come las peladillas? pero si se quedan por el salón dando tumbos hasta empiezan a tener ese aspecto rechupado y X se decide y las tira; no sin antes recordarte, que este año no te has comido las peladillas, y que el año que viene te quedas sin revoltijo…

El gimnasio

Estas tranquilamente en el sofá y de repente suena el teléfono, miras la pantalla y es una de tus amigas, (una de tus taraditas, como cariñosamente las llamas):
– ¿Que te duele, zorrón? – Respondes afablemente.
– Tíaaaa, tíaaaa… tía… Tengo una súper idea.
Te echas a temblar… cuando tus amigas tienen “ideas” es malo… muy malo…
– Te escucho…
– Vamos a empezar a ir al gimnasio…
– Yo no necesito ir al gimnasio – La interrumpes
– Sí tía… sí necesitas ir y yo también estamos a punto de cumplir treinta…
– Tenemos treinta y treinta y uno… – Vuelves a interrumpir
– Vale, vale… lo que quieras… lo que quieras, pero mañana empezamos una nueva vida, una vida sana, colega…
No estás muy segura pero por si acaso le preguntas:
– ¿Estás borracha?
– Nooooo… no ves que te estoy hablando de llevar una vida sana…
– Si… por eso precisamente pensé que habías bebido.
Oyes un bufido al otro lado de la línea.
Te lo piensas, pero realmente no te apetece nada.
– Vale… me lo pienso y te digo algo…
– ¡¡NO!! No es una opción, mañana empezamos a las 8:30 en clase de spinning, te espero a la puerta del gimnasio.
– ¿8:30 hora zulú?
– Vete a la mierda…
Cuando cuelgas el teléfono no las tienes todas contigo…
Llevas más de diez años usando una talla 38… no tienes necesidad de ir al gimnasio. ¿Verdad?
– Cari… ¿crees que debería ir al gimnasio? – Le preguntas a tu marido/hipotecado/novio/rollo de una noche.
– ¿Es una pregunta trampa?
Niegas con la cabeza…
– No sé… haz la prueba del bíceps…
¿La prueba del bíceps? Primera vez que lo oyes, denotas tu desconcierto mirando con cara de pez a tu chico.
– Sí, doblas el brazo por el codo en ángulo de 90º hacia arriba y mueves el brazo, si te cuelga la piel del bíceps… pues estás vieja y fofa…
Jajajajajajajajajajajajajajaj… estallas en carcajadas… jjajajajajajajajajajaajajaj…
Doblas el brazo como que no quiere la cosa y lo zarandeas…
Corres hacia el móvil y le mandas un whats app a tu amiga: “Estaré ahí a las 8!”

Al día siguiente el despertador suena de forma atronadora a las 7 am.
Para motivarte, has decidido poner un tono que te inspire confianza, ganas de entrenar y sobre todo ganas de levantarte. En tu móvil suena “The Eye of the Tiger”.
Mientras esperas a que el espíritu de Rocky te invada, decides dormir cinco minutos más… hoy es sueño, no es vicio.
Cuando por fin te levantas y vas a la cocina decides desayunar algo con tu café mañanero, (dicen que el desayuno es muy importante y además hoy vas a hacer ejercicio).
Por fin llegas al gimnasio a las 8:15 y tu amiga no está, empiezas a pensar que esto ha sido una mala idea, que lo mismo te ha dado plantón… pero cinco minutos mas tarde aparece ella, ataviada con lo que parece la ropa de Eva Nasarre.
– ¿Que pasa? ¿Que tú no tienes chándal? ¿Tienes que venir divina de la muerte en mallas? – Le recriminas – Eso se avisa tía…
Tu amiga debe de llevar despierta menos que tú, porque se encoge de hombros mientras chasquea la lengua, (claro gesto que indica que pasa de tu culo).

Por fin llegáis a la clase y el monitor un chaval de unos cincuenta tacos se os acerca (chaval=50… no te quejes Papá!) y os explica como colocar la bici, el manillar, el asiento, los pedales, etc. Tienes la sensación de que hay que estudiar una ingeniería para poner a funcionar una de estas bicis… con lo bien que te apañabas tú con tu BH rosa!.
Cinco minutos después ya estáis situadas… miras a tu amiga que está estirando y te sonríe con suficiencia: “¿Ves como no es para tanto?” Parece decirte…
Sigues sin convencerte, pero por si acaso empiezas a estirar también mientras observas como una ancianita decrépita, se acerca a la bici que tienes a tu derecha, (le calculas unos cien años a ojo de buen cubero). Eso te da un poco de cuartelillo, y piensas: “Si esta señora puede hacer spinning, yo también”.
Comienza la clase. La música atronadora invade tus oídos, es una especie de reguetón con un ritmo infernal, el profesor desde su bici os grita por encima de la música que sigáis el ritmo, lo cual así contado no debería ser muy difícil, pero lo es. Los pedales de tu bici se mueven de manera descontrolada, sin que puedas hacer nada…
El monitor os grita: Poned cargaaaaaaaaaa…
Supones que se dirige a vosotras dos, pero no entiendes muy bien que es lo de poner carga.
Miras a la ancianita decrépita, y observas como la vieja hija de … va perfectamente coordinada con el ritmo de la canción, y sin apenas sufrir, no como vosotras dos.
Pero la ancianita (que debe de ser la tatarabuela de Indurain) se apiada de ti y te señala una rosquita que está la base del manillar y que al parecer es lo que le añade y quita carga a la bici.
Enroscas y enroscas, hasta que consigues adaptar tus pedaladas al ritmo de la canción, pero cuando lo has conseguido, el monitor empieza a gritar: Bajandooooooooo… quitamos cargaaaaaaaaaaaaaaaaa…
Ya no puedes mas… miras el reloj y compruebas que llevas seis minutos de clase, lo cual te ha servido para darte cuenta que esta gente está loca. Miras a tu amiga, y aunque te sonríe crees ver unas lagrimillas aflorándole a los ojos.
Decides seguir, la vergüenza es peor que el dolor, así que sigues dando pedales. Y entonces, es cuando ves como tu amiga se baja de la bici y se desploma como un fardo…
Te quedas estupefacta, quieres gritarle “Te lo dije” pero no tienes suficiente aire en los pulmones para gritar nada, así que como buena amiga que eres, la señalas con la mano en forma de pistola y haces como que le disparas mientras tu boca se abre y dices “PUM”.
Nadie parece percatarse de que tu colega está en el suelo, son unos yonkis de la bici, no van a dejar su dosis por un simple desmayo.
Finalmente el monitor se acerca, la ayuda a levantarse y la lleva hacia unos bancos para que descanse mientras le da un poco de agua.
La caída de tu amiga es suficiente para convencerte de que esto no es para tí, que tú puedes ser la siguiente, así que con toda la dignidad que puedes,  te bajas de la bici, coges a tu colega de un brazo y huís de la escena del crimen como alma que lleva al diablo.
Al día siguiente, tu amiga te llama con voz de zombie:
– Tíaaaaaa… me muero.
– No si antes te mato yo.
– Tengo agujetas hasta en el pelo…
Y así una larga retahíla de lamentos hasta que cuando estas a punto de colgar te dice:
– Bueno… pero la semana que viene volvemos no?.

El moño

Un día te despiertas, te tomas un café y mientras lees los blogs de moda que sigues, descubres que se han puesto de moda los moños.
¡BIEN! gritas entusiasmada, “Con lo bien que me quedan a mi los moños”; y lo mejor de todo es que en dos de cada cuatro blogs te explican paso a paso como hacerte uno para que te quede bien bonito.
El caso es que la modelo de la foto, (la que te lo explica paso a paso) tiene un pelo sedoso y espectacular, nada que ver con la maraña informe de pelos que te gastas, cuyo estado natural es la rebeldía. En tu caso, la mata de pelo se deja mas o menos peinar sin oponer mucha resistencia, bien con plancha o bien con secador, pero si lo dejas a su libre albedrío, se convierte en lo que la gente conoce como “pelo de algodón de azúcar” (no confundir con pelo-polla). El caso es que el moño soluciona la ardua tarea de tener que peinar mechón a mechón toda la cabellera y además  hoy es un buen día para empezar a ir mona a la oficina, porque seamos sinceras, el curro es como una relación, al principio te arreglas, vas mona, te maquillas, y cuando empiezan a pasar los años y ves que da igual que vayas sobre un tacón de 8 cm que con unas hawaianas, te empiezas a dejar… Bien, pues hoy, declarado oficialmente el día del moño, es un día ideal para ir arreglada a la oficina.
Así que te lees los consejos del blog y después de fabricar tu propio “donuts de claire” con un par de calcetines viejos, (lavados previamente por supuesto), te dispones a hacer el moñete en cuestión.
El caso es que cuando llevas medio recogido hecho, (que te ha llevado más de lo que esperabas y ya prevés otro día llegando tarde) te das cuenta de que la ubicación en cuestión del moño es algo más baja de lo que  creías. “No importa, seguro que me queda divino igual…” piensas mientras intentas seguir los últimos pasos y llegar hasta el final, y es entonces cuando las horquillas intentan atravesar tu cráneo para llegar al cerebro y acabar con tu vida. Te maldices a  tí misma por tener tan poca maña con las horquillas y te preguntas si al resto de las mortales les ocurre lo que a ti.
Con el moño ya finalizado, te percatas de que esos maravillosos pelitos que habitan en la zona de la frente y de las patillas, (esos pelos que no son pelos, que son mas bien pelusilla y que no acaban de crecer NUNCA) te afean bastante el resultado, por lo que después de rebuscar entre los productos y no encontrar nada que pueda domarlos, (véase laca, gomina o cera) optas por usar un poco de jabón, que la verdad sea dicha te deja el pelo bastante tieso, y a falta de pan… buenas son tortas.
¿Quien dijo laca habiendo lagarto?, (a ver lo que aguanta).
Pues nada, listo calisto, te vas a currar…
Entras en el coche, y ahora sí, ahora definitivamente maldices el momento en el que se te ocurrió plantarte el moño a media altura en la nuca.
El moñete en cuestión choca contra el reposacabezas del coche dejando nada mas que dos opciones: La primera deshacer el moño que tanto trabajo te ha costado, y la segunda, conducir con la cabeza inclinada 30º hacia delante. Quitar el reposacabezas es algo que ni te planteas, no sea que te den un golpe y por la gracia de llevar un moño divino acabes desnucada.
Y así vas conduciendo, preguntándote cuantos de los pilotos que a tu alrededor se paran en los semáforos, se percatarán de lo idiota que pareces con la cabeza inclinada hacia delante. Al principio disimulas… haces como que buscas algo junto al radiocasete, pero luego decides pasar de disimulos y conduces con la cabeza todo lo alta que tu maravilloso peinado te permite.
Eso sí, cuando llegas al curro, nadie se percata de tu nuevo look, o peor aún, si se percatan no te dicen nada.
A las dos horas de estar frente al ordenador, un intenso dolor de cabeza se apodera de tí, no sabes muy bien si debido a las horquillas o a la tirantez que el moño ejerce sobre tu cuero cabelludo, lo único que te consuela es que así el pelo crecerá más rápido (o eso dicen…).
El caso es que cuando das por terminada la jornada y vuelves al coche, decides que has tenido suficiente por hoy, te niegas a volver a casa con la cabeza inclinada, a estas horas ya te da lo mismo el aspecto que puedas tener, así que te desarmas el moño lo más rápido que puedes y te vas a casa esperando poder tomarte un paracetamol, un ibuprofeno (o como tardes mucho un poco de morfina) que alivie este dolor de cabeza que, al fin y al cabo, te has ganado por idiota, por pensar que la moda que sale en los blogs, está a tu alcance, pobre mortal…
Cuando entras por la puerta, tu marido/hipotecado/novio te mira con cara de susto y te pregunta:
– ¿No irías a trabajar con esos pelos, verdad?.
ohhh ironías del destino, seguro que no habría sido capaz de apreciar el hermoso moño que te hiciste esta mañana, pero hete aquí que se da cuenta de que pareces Helena Bonham Carter despues de haber metido los dedos en un enchufe…
Una vez más te repites a mi misma… “Última vez que hago caso a los consejos de un blog”.

La gente se está volviendo loca…

Un día te levantas y te das cuenta de que tienes un mal día… te duele la cabeza, estás de mal humor y te sientes muy irritable… pero en realidad, toda esa mala baba que rezumas, no proviene de tí… proviene de la gente, no… la gente no… la gentuza con la te topas a lo largo del día.
Tú, como persona que piensa en los demás, no entiendes como el resto de la humanidad puede pasarse por el forro con total impunidad los sentimientos de otros.
Vas feliz cual lombriz en el coche y de repente, ¡ZAS! una señora salta sobre un paso de peatones, carrito de bebé por delante; tú, sobresaltada ante semejante imprevisto, (estás segura de que miraste la acera y no la viste, no tienes muy claro de donde ha salido), pisas el freno y pides perdón, (que al fin y al cabo, está en un paso de peatones y tiene preferencia), la señora, muy digna ella, te mira mal, muy mal. Tú te quedas de piedra, te apetece gritarle que en tus ratos libres eres peatona y que respetas a los coches, pero pasas, no merece la pena.
Aparcas el coche, y antes de entrar a trabajar decides que necesitas cafeína pal body, así que entras en la cafetería que hay debajo del curro y te acodas en la barra dispuesta a pedir un café para llevar. Diez minutos después, ves como el camarero (que a estas horas y con la cafetería llena aun no ha tenido tiempo de atenderte) vuela de un lado a otro de la barra. Por fin se acerca, tú le miras, él te mira, te sonríe, le sonríes, abres la boca para hablar y entonces oyes a tu lado: Ponme un café para llevar que tengo prisa.
La sonrisa desaparece y tu boca se empieza a abrir hasta que tu mandíbula golpea el suelo,no das crédito, ¿quién osa colarse?.
Giras la cabeza y te topas con un señor, que ni te mira, estás segura de que acaba de llegar. Aprovechas que tienes la boca abierta para recriminarle esa desfachatez, pero sigue sin mirarte y tu capacidad de reacción a estas horas de la mañana es nula… el camarero se acerca, le da el café y el hombrecillo se va… y ahí te quedas tú, con tu cara de flipe y una mala leche que te sube desde el estómago hasta la garganta.
Por fin pides el café, no lo pides “Por favor” por que un poquito de culpa también tiene el camarero, que te había visto antes, pero aún así le ha puesto el café a este mamarracho; lo malo, que tu eres buena, y te pesa el no pedir las cosas “Por favor” como te enseñó tu madre, así que cuando te lo trae, ha pasado suficiente tiempo para que te sientas culpable por no pedir el café educadamente, así que para compensar le das las gracias, sonríes, y dejas diez céntimos de propina.
Conclusión, ser grosera te sienta peor que al resto de la humanidad.
Pero tu odisea no acaba ahí. Te dispones a salir por la puerta, y entonces a mitad de camino entre la calle y la cafetería, otra señora se dispone a entrar… y va a entrar POR COJONES, vamos, que o te apartas o te aparta ella, así que optas por dejarle paso ante el miedo a que te tire el café y te quedes sin él.
Pero la señora no se queda contenta con apartarte de su camino, para colmo, te regaña: “Hay que dejar paso a los mayores jovencita”.
Te quedas ojiplática.
Respiras, piensas para tus adentros: Mecaguentuputamadre. Y le dices lo más educadamente que puedes: Señora, primera norma de educación, dejar salir antes de entrar.
– Y encima contestona – Te dice este ser salido del averno con cuerpo de anciana.
Decides irte, porque no estas muy segura pero pegarle a una señora mayor debe de estar penado con cárcel. Así que rechinas los dientes, bufas y reanudas tu marcha.
Decides tomarte el café tranquilamente, a estas alturas el día solo puede mejorar.
La mañana pasa con calma, algún cliente que te confunde con al virgen de Lourdes y piensa que con lo poco que paga puedes hacer milagros, y poco más.
Pero te queda la vuelta a casa en coche, en hora punta, y si la gente de normal anda medio agilipollada en el coche se vuelven simples amebas.
Decides tomártelo con calma, pero cuando coges el coche (otra vez) la única conclusión a la que llegas es que hoy hay luna llena, porque tanta agresividad no es normal.
El colmo de los colmos, llega cuando un conductor te pita, te insulta y te monta el pollo del siglo porque no le cedes el paso en una rotonda…
Es decir, él va por el carril izquierdo y tú por el derecho, (dejemos claro aquí, que la que tiene preferencia eres tú); vas a coger la segunda salida de la rotonda, pero el idiota este quiere pillar la primera salida y tu coche le estorba… como le ves las intenciones, levantas el pedal del acelerador, y le das tiempo a que haga su fechoría, pero no contento con salirse con la suya, decide que va a frenar para que le oigas bien, te increpa y te grita la maravillosa y eterna frase (que todas odiamos): Mujer tenías que ser.
Estás hasta el moño no… hasta lo siguiente, te acuerdas de todas las liadas del día, y revientas, pierdes los papeles, toda tu educación al garete, (rezas para que no te vea nadie conocido), y entonces bajas la ventanilla del copiloto (no sea que con el ruido no te escuche), y mientras le enseñas el dedo corazón le gritas (vocalizando bien,para que si no te oye, al menos pueda hacerse una idea de lo que le estás diciendo): Me-ca-guen-tu-pu-ta-ma-dre hi-jo-la-gran-pu-ta.
Caes en la redundancia, pero no piensas, solo echas sapos y centellas por la boca. El tío, que no se debía de esperar contestación, se queda un poco pasmado, momento que aprovechas para pegar un acelerón y huir.
Cinco minutos después los nervios te pueden y estallas en caracajadas, otros cinco minutos más y estás llorando desconsolada, rezando para que el gilipollas en cuestión no haya anotado tu matrícula y un día cualquiera te encuentres tu coche rayado, las lunas rotas, y las cuatro ruedas rajadas.
Por fin llegas a casa y le confiesas a tu marido/hipotecado/novio todos tus temores.
– Tranquila, que no vivimos en el Bronx. Peor sería que te denunciase o algo…
– ¿¿QUÉ?? ¿¿Denunciarme por qué??
– No sé… por insultarle, ¿sabías que pueden multarte por insultar?
– Yo no estaba insultando, le estaba diciendo verdades como puños…
– Ya… bueno… eso explícaselo al juez
– Gracias cariño, eres el mejor dando ánimos…
Después de sopesar el día, te das cuenta de que lo malo de tu vida son los demás, y encima gente que ni conoces… estás agotada, pero en un arranque de lucidez, decides que vas a dejar el coche, y vas a empezar a usar el autobús, que es más barato, más ecológico y te ahorras los malos rollos de conducir… porque todo el mundo sabe que el transporte público es maravilloso, y el autobús más, ¿verdad?

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.