Archivos Mensuales: octubre 2012

Objetos inanimados que cobran vida

Esto es algo que sucede a veces, según la persona más amenudo o menos…
En mi caso sucede al menos una vez al mes, y siempre me ocurre con el mismo objeto: LAS LLAVES. 
Pueden ser las llaves de casa, las llaves del coche, las llaves de casa de tu abuela, ¡Da Igual! Las llaves, de pronto desaparecen del sitio donde las has dejado. Porque… ¿las había dejado aquí verdad?.
El lugar donde pueden aparecer finalmente las llaves es (en prinicipio) inimaginable. Vamos, que no se te pasa mirar ahí ni por las tapas…
Además, las llaves suelen desaparecer cuando hacen falta, porque no nos ponemos a buscar las llaves cuando NO las necesitamos, nooooooo… Las buscamos cuando es una imperiosa necesidad el encontrarlas. En mi caso más concretamente a las 9:23 am, justo cuando salgo de casa para ir al trabajo. 
Al principio, piensas: “Tienen que estar en el bolso…” Sí, damas y caballeras, ese bolso que te compraste porque entraba hasta el cesto de la colada, ese bolso que no tiene nada que envidiar al de MeryPoppins, y que sospechas que incluso puede ser un portal dimensional a tierras desconocidas. Y ¿cual es la forma más rápida de encontrar algo en bolso?, darle la vuelta sobre la mesa del salón. 
Todo un mundo de objetos olvidados aparece entonces… “Anda mira, si tengo aquí mi USB de HelloKitty… y la lista de la compra de hace dos meses… y ese frasquito de bálsamo labial que tanto me gusta…” y así hasta el infinito, pero las llaves no aparecen. 
En un arranque de locura te tiras al suelo y buscas, (si tenéis gato, sabréis que esta idea no es nada descabellada), las llaves pueden estar debajo de un sofá, debajo del mueble del salón, etc. Pero claro, ya son las 9:35 y no, no ha habido suerte. 
Es entonces, cuando mirando el reloj y viendo que ya llegas cinco minutos tarde, resoplas, pones las manos en la cabeza y repites como un mantra: “Piensa… Piensa… ¿que hiciste ayer al llegar a casa?” Empiezas a reconstruir tus pasos desde el momento en que entraste por la puerta. Lo único que te consuela es que efectivamente, a casa llegaste en coche, por lo que las llaves no pueden estar muy lejos. Y vuelves a repasar mentalmente toooooodo lo que hiciste, que no es poco…
“Llegué y me quité las botas porque había llovido” (buscas las llaves en el armario de los zapatos), “Dejé el paraguas en la bañera” (corres al baño a buscar las llaves), “Dejé la bolsa de la comida en la cocina” (buscas en la bolsa, en los cajones y hasta en el horno, pero nada), y así hasta revisar en todos los sitios que recuerdas haber recorrido desde ayer por la tarde hasta hoy por la mañana.
A las 9:45 y viendo que no hay manera de que las put** llaves aparezcan, decides pedirle a tu marido/hipotecado/amante/rollo de una noche, que o bien te preste su coche o bien te acerque al curro. Esta opción, se suele dejar como último recurso, ya que normalmente y en contra de los cuentos de princesas que nos contaban de niñas, a las chicas de hoy en día, no nos gusta que nos salven el culo; y si es un rollo de una noche, bueeee… todavía pase… pero como sea tu marido o tu hipotecado… vas a tener que aguantarlo hasta aburrirte.
– ¿Que le pasa a tu coche? – Es lo primero que te pregunta.
– Mmmmm… nada… que no encuentro las llaves… – Dices muy bajito con la esperanza de que no te escuche y se le olvide la pregunta. Ya… como si fuera tan fácil… siempre que tú le preguntas algo, contesta con un “Ehhh?” que denota que ni te escucha ni le interesa tu pregunta, pero Ay amiga! cuando pregunta él, está atentísimo a tu respuesta, y ahí comienza el sermón: “Eres un desastre, siempre lo dejas todo por ahí… pareces Charlize Theron en el anuncio de Jadore, entrando en casa y tirándolo todo por el suelo…” y demás comparaciones rocambolescas, que a estas horas y con esta mala baba en el cuerpo no te apetece escuchar… pero aguantas, no saltas porque al final te tiene que echar un cable.
La opción más rápida suele ser que te acerque al curro, así ni pierdes tiempo aparcando ni lo dejas a él sin coche, pero durante el trayecto, te interroga:
– ¿Donde las viste por última vez?
– Cariño, si recordase donde las ví por última vez, sabría donde están…
– ¿Buscaste en el bolso?
– ¡NO! Soy idiota, no busqué en el bolso – Gritas mientras pones cara de tonta, con los ojos bizcos y sacando la lengua…
– Bueno… muy lista no eres cuando pierdes las llaves del coche.
– Para que me bajo – Dices muy digna sabiendo que no va a parar.
– Un día voy a parar y te vas a cagar… – Te contesta él entre risas.
Por fin llegas al curro y cruzas los dedos para que el jefe, que es más tardón que tú, no haya llegado todavía, o si ha llegado al menos que no se haya percatado de tu ausencia, lo cual es difícil porque en la oficina sois tres, pero no imposible.
– Hoy te echo un polvo – Le dices agradecida a tu salvador, con la esperanza de que escuchando la palabra “polvo” se olvide de por qué está delante de tu oficina haciendo de chófer.
Dos horas mas tarde, te llega un whats up de tu contrario en el que te dice con muecas varias y entre exclamaciones “Han aparecido las llaves, estaban entre los cojines del sofá”. Por fin respiras tranquila y sin querer saber muchos detalles de como han llegado las llaves ahí ni de que clase de conjuro ha hecho para encontrarlas, te juras a tí misma que a partir de hoy, dejarás las llaves a la entrada de casa, y ya de paso, puestos a engañarnos a nosotras mismas, te prometes que a partir de mañana, vas a llegar puntual al trabajo!!

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