El moño

Un día te despiertas, te tomas un café y mientras lees los blogs de moda que sigues, descubres que se han puesto de moda los moños.
¡BIEN! gritas entusiasmada, “Con lo bien que me quedan a mi los moños”; y lo mejor de todo es que en dos de cada cuatro blogs te explican paso a paso como hacerte uno para que te quede bien bonito.
El caso es que la modelo de la foto, (la que te lo explica paso a paso) tiene un pelo sedoso y espectacular, nada que ver con la maraña informe de pelos que te gastas, cuyo estado natural es la rebeldía. En tu caso, la mata de pelo se deja mas o menos peinar sin oponer mucha resistencia, bien con plancha o bien con secador, pero si lo dejas a su libre albedrío, se convierte en lo que la gente conoce como “pelo de algodón de azúcar” (no confundir con pelo-polla). El caso es que el moño soluciona la ardua tarea de tener que peinar mechón a mechón toda la cabellera y además  hoy es un buen día para empezar a ir mona a la oficina, porque seamos sinceras, el curro es como una relación, al principio te arreglas, vas mona, te maquillas, y cuando empiezan a pasar los años y ves que da igual que vayas sobre un tacón de 8 cm que con unas hawaianas, te empiezas a dejar… Bien, pues hoy, declarado oficialmente el día del moño, es un día ideal para ir arreglada a la oficina.
Así que te lees los consejos del blog y después de fabricar tu propio “donuts de claire” con un par de calcetines viejos, (lavados previamente por supuesto), te dispones a hacer el moñete en cuestión.
El caso es que cuando llevas medio recogido hecho, (que te ha llevado más de lo que esperabas y ya prevés otro día llegando tarde) te das cuenta de que la ubicación en cuestión del moño es algo más baja de lo que  creías. “No importa, seguro que me queda divino igual…” piensas mientras intentas seguir los últimos pasos y llegar hasta el final, y es entonces cuando las horquillas intentan atravesar tu cráneo para llegar al cerebro y acabar con tu vida. Te maldices a  tí misma por tener tan poca maña con las horquillas y te preguntas si al resto de las mortales les ocurre lo que a ti.
Con el moño ya finalizado, te percatas de que esos maravillosos pelitos que habitan en la zona de la frente y de las patillas, (esos pelos que no son pelos, que son mas bien pelusilla y que no acaban de crecer NUNCA) te afean bastante el resultado, por lo que después de rebuscar entre los productos y no encontrar nada que pueda domarlos, (véase laca, gomina o cera) optas por usar un poco de jabón, que la verdad sea dicha te deja el pelo bastante tieso, y a falta de pan… buenas son tortas.
¿Quien dijo laca habiendo lagarto?, (a ver lo que aguanta).
Pues nada, listo calisto, te vas a currar…
Entras en el coche, y ahora sí, ahora definitivamente maldices el momento en el que se te ocurrió plantarte el moño a media altura en la nuca.
El moñete en cuestión choca contra el reposacabezas del coche dejando nada mas que dos opciones: La primera deshacer el moño que tanto trabajo te ha costado, y la segunda, conducir con la cabeza inclinada 30º hacia delante. Quitar el reposacabezas es algo que ni te planteas, no sea que te den un golpe y por la gracia de llevar un moño divino acabes desnucada.
Y así vas conduciendo, preguntándote cuantos de los pilotos que a tu alrededor se paran en los semáforos, se percatarán de lo idiota que pareces con la cabeza inclinada hacia delante. Al principio disimulas… haces como que buscas algo junto al radiocasete, pero luego decides pasar de disimulos y conduces con la cabeza todo lo alta que tu maravilloso peinado te permite.
Eso sí, cuando llegas al curro, nadie se percata de tu nuevo look, o peor aún, si se percatan no te dicen nada.
A las dos horas de estar frente al ordenador, un intenso dolor de cabeza se apodera de tí, no sabes muy bien si debido a las horquillas o a la tirantez que el moño ejerce sobre tu cuero cabelludo, lo único que te consuela es que así el pelo crecerá más rápido (o eso dicen…).
El caso es que cuando das por terminada la jornada y vuelves al coche, decides que has tenido suficiente por hoy, te niegas a volver a casa con la cabeza inclinada, a estas horas ya te da lo mismo el aspecto que puedas tener, así que te desarmas el moño lo más rápido que puedes y te vas a casa esperando poder tomarte un paracetamol, un ibuprofeno (o como tardes mucho un poco de morfina) que alivie este dolor de cabeza que, al fin y al cabo, te has ganado por idiota, por pensar que la moda que sale en los blogs, está a tu alcance, pobre mortal…
Cuando entras por la puerta, tu marido/hipotecado/novio te mira con cara de susto y te pregunta:
– ¿No irías a trabajar con esos pelos, verdad?.
ohhh ironías del destino, seguro que no habría sido capaz de apreciar el hermoso moño que te hiciste esta mañana, pero hete aquí que se da cuenta de que pareces Helena Bonham Carter despues de haber metido los dedos en un enchufe…
Una vez más te repites a mi misma… “Última vez que hago caso a los consejos de un blog”.

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9 pensamientos en “El moño

  1. meritxell miguel noviembre 24, 2012 en 1:18 PM Reply

    Cada vez tengo más claro que llevamos vidas paralelas XDDDDD

    • ratonvolador noviembre 24, 2012 en 3:11 PM Reply

      Jajajajajaajajaja… moooola!! 😀

  2. Beatriz noviembre 24, 2012 en 1:43 PM Reply

    Si retrocedes en el tiempo a la moda de las pinzas… Esa soy yo. Lo bueno que tiene conducir con el cuello a 30 grados por llevar una pinza super-fashion-week es que, para cuando llega la moda de los moños, ya has aprendido la lección.
    Ese “¿qué te ha pasado? Estás horrible!” tan masculino cuando por contraposición no pueden ver un drástico cambio de look… Eso merece por si sólo un post

    • ratonvolador noviembre 24, 2012 en 3:13 PM Reply

      Meca!! las pinzas!! Cierto…pero has de reconocer que una pinza es más fácil de quitar y poner que un moño!! Jajajajajajaja… pero sí, así ni te molestas!!
      Es increíble que sean capaces de ver lo horripilantes que estamos sin percatarse de cuando nos ponemos hiperdivinas… mi hipotecado en un arranque de galantería me dice que eso es porque él siempre me ve increíble… jajajajajajajajajaja… (peloteo puro y duro!! :D)

  3. Ana noviembre 24, 2012 en 2:43 PM Reply

    Afortunada tú que eres capaz de hacerte un moño súper-fashion aunque sea lo más incomodo del mundo. Yo no soy capaz ni de hacerme una cola de caballo decente. Todos los días doy gracias a la vida por haber tenido un niño varón, que no necesita gomitas, pincitas ni ranitas

  4. Maruchi noviembre 25, 2012 en 3:57 PM Reply

    Pero tú por qué no pruebas esas cosas en fin de semana!!!!

    • ratonvolador noviembre 26, 2012 en 11:24 AM Reply

      Jajajajajajajajaj… porque soy una persona totalmente compulsiva y nada reflexiva!!! Es ver algo que me gusta (véase el moño) y automáticamente dejar de pensar en “funcionalidad” jajajajajaja y empezar a pensar en nubes de gominola, véase: “Esto lo hago yo en diez minuos” “Esto me va a quedar espectacular” etc. ¿¿Esperar al fin de semana?? ¡¡No jorobes!! Con lo lejos que queda!! 😀

  5. Noe enero 17, 2013 en 2:14 PM Reply

    jajajajajaa!!! madre mia, estoy llorando de risa (again) pero qué llorera más buena!

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