La Navidad (Primera Parte)

No sabes muy bien como ha pasado, parece que fue ayer cuando estabas tumbada felizmente tomando el sol cuando de repente… ZAS, la Navidad te golpea en la cara.
Reconozcámoslo, eres un desastre, por eso la Navidad te pilla por sorpresa, porque al fin y al cabo, no es como la regla, que no te viene el mismo día… y eso vale, puede pillarte de sorpresa, pero la Navidad??… si todos los años cae en los mismos días!! Aún así, año tras año, repites con sorpresa: “¡QUÉ?, que mañana es Nochebuena??” A lo que tu interlocutor siempre, siempre, contesta con sorna: “Y pasado Navidad”.
¿Como ha podido pasar? Si todos los años, después del agobio de las compras repites: “El año que viene empiezo a comprar regalos en Septiembre”. (mentira, nunca lo haces).
El hecho de pensar en las Navidades y en todo lo que tienes que hacer te agobia, para empezar deberías encontrar una tienda que te venda un poco de espíritu navideño (ese que perdiste hace tantos años que ya ni te acuerdas).
Para continuar, aprovisionarte de analgésicos, porque aunque la gente se empeñe en negarlo, la Navidad es una época en la que te pasas 12 horas al día pedo.
Te ves obligada a sustituir el coche por el transporte público, porque seamos sinceras, la idea de reunir a toda la gente que conoces en un lugar y pillarte una super cogorza a base de brindar, parece tentadora, pero muy difícil de llevar a cabo… así que vas de bar en bar brindando, con lo que en el quinto bar, ya no sabes si brindar por la navidad, por que vivan los novios, el padrino o la madre que lo parió…
Los brindis pueden hacerse eternos… Que si con los del curro, los amigos de la infancia, los amigos de la infancia de tu marido/hipotecado/novio, tu familia por parte de madre, tu familia por parte de padre, la familia de tu contrario (también por parte de padre y de madre), los del gimnasio, los amigos…
Llegas a la conclusión de que existen “alcohólicos de fin de semana” y “alcohólicos navideños” y tú eres una de estos últimos.
Lo bueno de pasarte las fiestas en estado comatoso, es que todas esas conversaciones banales, sin sentido y repetitivas año tras año, quedan en el olvido que el alcohol te provoca… Como la típica pregunta que algún familiar te hace nada más que por tocarte los cojo*** por mucho que intente disfrazar su intención con una sonrisilla y voz angelical “Y tú, ¿ para cuando? Mira que se te va a pasar el arroz…” Esta frase se aplica o bien a boda, o a bien a embarazo, pero siempre cae…
Te gustaría responderle que a la que no se le ha pasado el arroz para embarazarse es a su hija “Zutanita”, que se ha preñado cinco veces y de cinco tipos diferentes a cada cual más siniestro, pero tú eres buena, y te muerdes la lengua mientras sonríes y utilizas tu respuesta “comodín”: “Cualquier día me animo”.
Tampoco puedes olvidarte de comprar protector gástrico… Porque esa es otra máxima de estas fechas: Hay que comer como si no hubiera mañana.
Cuando te levantas el día de Navidad, aun no has hecho la digestión de los siete platos de Nochebuena, pero nada, tienes que ir a comer a casa de “X” (X suele ser la matriarca de la familia), donde te encuentras con todas las sobras de Nochebuena y algo más que “X” ha cocinado, por si nos quedábamos con hambre… Los platos desfilan delante de tus narices, mientras tu intentas convencer a tu estómago de que haga un hueco, para no quedar mal.
Esto es un fenómeno curioso, es una especie de trastorno alimenticio que padecen las matriarcas, preparan más comida que en una boda… y lo peor de todo, es que no entienden que seas incapaz de comer los entrantes (fríos y calientes), la sopa, el besugo, el cordero, el pollo, el postre y las peladillas del revoltijo… que tú piensas: si pones cordero, ¿para que haces pollo?, y las peladillas… ¿en serio alguien se come las peladillas? pero si se quedan por el salón dando tumbos hasta empiezan a tener ese aspecto rechupado y X se decide y las tira; no sin antes recordarte, que este año no te has comido las peladillas, y que el año que viene te quedas sin revoltijo…

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Un pensamiento en “La Navidad (Primera Parte)

  1. Beatriz diciembre 16, 2012 en 2:33 AM Reply

    Odio la navidad!! Odio inmensamente la navidad!!! Para mi es como la madre de todos los compromisos. Mi único consuelo es que todos sienten el mismo compromiso que yo y por tanto no me siento culpable. De todos modos yo divido las navidades en tres fiestas de distinta naturaleza de modo que nochebuena es un acto de ineludible obligación que acepto de mala gana como acepto llevar a mi hijo al parque cuando más frío hace… Nochevieja se divide en dos partes claramente diferenciadas: la cena, que de nuevo es un compromiso con la parte contratante de la otra parte… y la fiesta posterior a las campanadas en la que, como fiesta que es, hago exactamente lo que me da la gana, o sea, revelarme contra todo y quedarme en casa bufando a cualquiera que me sugiera salir. Por último está la mañana de reyes que es lo único que me hace ilusión de toda esta maldita parafernalia.

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